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martes, 14 de diciembre de 2021

Área blanca

 





Área blanca

                                                                     Ramón Cortez Cabello

 

― ¡Oiga esta es un área estéril! ―dijo Carlotita.

    ― ¡Cállate culera!, o te carga la verga ―respondió uno de los sicarios.

   “El pedo no es con ustedes, dijo el otro, pónganse junto a la pared y nada les pasará.” Quise decir algo, pero el tipo me atajó: “Usted ya hizo su trabajo, ahora yo haré el mío”. No dije más, es difícil hacerlo cuando te apunta una metralleta. Fui a reunirme con las doctoras y enfermeras, pretendí no tener miedo cuando les dije: “Tranquilas, todo va a estar bien”. Los pistoleros se acercaron a la mesa de operaciones y con sus cuernos de chivo le volaron la cabeza al paciente que operábamos.

   Después me enteré que había otros matones en recuperación, que otros tomaron el área de urgencias y que el operativo duro pocos minutos. Puedo decir que a mi paciente lo mataron dos veces. Llegó sin signos vitales al hospital, le dimos reanimación cardiopulmonar y, luego de tres horas de operación, habíamos cerrado una lesión de vena cava, extirpado el riñón derecho y reparado el hígado, cerrábamos piel cuando llegaron los sicarios. La última tensión arterial estaba en 110/70. El baleado no iba a morirse, al menos no en cirugía y era probable sobreviviera: se salvó de los tiros que le dieron en la calle, pero no de los recibidos en quirófano.

Es impactante ver cómo matan a alguien a corta distancia. Ya luego pensé en la estupidez de querer razonar con sujetos armados. Por fortuna aquellos tipos sólo mataron a su objetivo y no a quienes hicimos alguna pendejada. Tiempo después nos reímos mucho de Carlotita, sólo a ella se le ocurre regañarlos por no traer ropa estéril. 
 



domingo, 29 de noviembre de 2020

Astronomía Boxística

 

   
   

                                                                 Astronomía Boxística.

   Pelea de Mike Tyson vs Roy Jones Jr., inaugura la Astronomía Boxística. Rama del entretenimiento que permite observar estrellas años después de haberse apagado.


viernes, 28 de febrero de 2020

La última ceremonia.




La última ceremonia.
                                                                                       Por Ramón Cortez Cabello
   Primero bajaron del árbol los tres cuerpos que colgaban de los pies. Ya en el piso los pusieron boca arriba y, como si quisieran volver a pegarlas, acomodaron sobre el muñón del cuello la cabeza correspondiente.
   Descendidos los difuntos, todos los recién llegados, excepto dos, se adentraron en la selva a buscar leña. Uno se quedó a cuidar los cadáveres y el otro fue a buscar agua, iba cargado de jícaras. A éste último lo guió el sonido de la corriente de un río. Después de llenar los recipientes se puso a escudriñar a través del agua, anduvo un rato hurgando la arena. Luego de recoger y desechar muchas piedrecillas, guardó tres. Cuando volvió a donde estaban los cadáveres, sus compañeros lo esperaban. Una gran cantidad de leña estaba cerca de los cuerpos y no lejos de ahí ardía vigorosa una hoguera.
   El más viejo ofició la ceremonia. Primero vertió un poco de agua a los muertos y dijo a cada uno: Esta es la que disfrutaste en vida. Después colocó cerca de cada difunto una jícara con agua: Esta es la que te servirá en el viaje que habrás de iniciar –dijo―. Luego, a falta de papeles, colocó a los fallecidos cinco hojas de árbol, cada una como recordatorio que ayudaría a los muertos a cruzar un punto del Inframundo.
   Todos lloraban enternecidos, amaban profundamente a los que ahí yacían.  El que dirigía el ritual llamó con un gesto al que fue al río. Ambos se colocaron junto a un cuerpo y el oficiante recibió del otro una pequeña piedra que puso en la boca del muerto, la misma acción se repitió en los otros dos cadáveres.
   Todo quedó en silencio, dolorosamente quieto, lucían los vivos tan inmóviles como los muertos, la ceremonia les había encogido el ánima. Luego cubrieron de leña los cuerpos hasta formar tres montañas de maderos que recordaban a las pirámides. Con majestuosa parsimonia el viejo tomó un tronco ardiente de la fogata y pegó fuego a las lomas de leña, poco después ardían en ellas los muertos. Era impresionante ver las enormes hogueras en medio de la selva, a través de la fronda de los árboles se filtraba la humareda.
   Las piras funerarias ardieron toda la noche, al otro día los hombres juntaron las cenizas, los huesos y la piedra de cada difunto. Pusieron los restos en tres grandes jarros, con ellos caminaron hasta un sitio que parecía fácil de  identificar después. El lugar estaba cercano a un río. Al pie de un enorme árbol cavaron tres hoyos, metieron un recipiente en cada uno de ellos y luego de enterrarlos pusieron encima una piedra blanca. La tumba de en medio tenía la piedra más grande.
   Terminada la sepultura los hombres se retiraron, iban tristes pero satisfechos: habían brindado a aquellos muertos la última ceremonia.

***
   De nada valió decir la verdad, negar todo; su suerte y la de los otros dos señores estaban decididas. Los españoles estaban listos para repeler cualquier revuelta. Sin embargo, salvo exclamaciones de incredulidad y dolor, no hubo violencia de parte de los mexicas. Después de platicar con un religioso español, fueron decapitados los tres.
   Para llevar a cabo la ejecución se requirió una espada, tres mecates; la crueldad de unos pocos y el pasmo de una multitud. La hoja los decapitó uno a uno. Aunque a él le tocó al último y desde el suelo dos cabezas lo miraban incrédulas, no vaciló y expuso su cuello al acero. Miró hacia lo alto buscando el lugar por dónde su ánima se elevaría a la Casa del Sol, no halló en el techo selvático un sitio por donde ver lo azul del cielo. En sus ojos quedó la imagen verde del follaje mientras, del cuello cercenado, brotaba el rojo furioso de su sangre.
   Las sogas sirvieron para colgarlos de los pies. Desde abajo cada cabeza miraba con melancolía el cuerpo que había sido suyo.
    Cuando el ejército empezó a retirarse el sacerdote dibujó una cruz en el aire. Los españoles iban alertas, nerviosos; el gesto de Cortés era duro. Envueltos en hosco silencio los mexicas tenían triste el rostro, muchos lloraban la muerte de Cuauhtémoc, su último tlatoani.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Programa de cocina.




Programa de cocina.
                                                                Por Ramón Cortez Cabello.

    La joven daba los últimos bocados al arroz burdamente cocinado, había en sus ojos un brillo de satisfacción que embellecía su rostro. El director del programa preguntó algo que parecía obvio:
   ― ¿Estás satisfecha?
   ―Sí ―respondió ella.
   El entrevistador fue más allá:
   ― ¿Eres feliz?
   ―Sí, claro.
   ― ¿Por qué? ―Quiso saber el hombre.
   ―Bueno, tengo trabajo, gano dinero para mis cosas. En un rato más iré a dormir a casa. Creo no puede pedirse más. Además tengo sueños…
   ― ¿Sí? ¿Cuáles son esos sueños?
   ―Ser multimillonaria, ―respondió.
   En la escena final la vemos perderse entre el tráfico, la acompaña una soledad empecinada. Aunque deseas que cumpla sus sueños, sabes que es casi imposible. Para la joven prostituta, que apenas saca para malcomer y drogarse, las únicas que parecen cumplirse son sus pesadillas. Te muerde el corazón oírla decir que irá a dormir a casa; sabes que vive en un cementerio en el centro de Freetown, que su cama es una tumba y que desde su niñez, cuando era combatiente en la guerra civil de Liberia, su única compañía ha sido la desgracia.  

   Luego de ver el capítulo uno del programa japonés, Informe gourmet hiperduro, te convences de que si la vida es una mierda, los sueños ayudan a hacerla más tolerable. 

miércoles, 6 de febrero de 2019

Zombis

                                                         

                                                                        


                                                                             Zombis
                                                                                                    Por Ramón Cortez Cabello.
   Los zombis no duran mucho, su “vida”, por llamarla así, es corta. Tienen tejidos que se desgastan rápido, se lesionan con facilidad y no cicatrizan. Además, sus órganos más durables, los huesos, requieren músculos para moverse. Ya es malo ver muertos caminando por doquier, si se movieran sin ligamentos sería como vivir en un grabado de Posada: rodeados de esqueletos ambulantes.
   Volviendo a la “vida y muerte” de estos seres, lo que más se les estropea son las piernas, al rompérseles algún tendón o por desgaste muscular. Cojera y pasos vacilantes no son pose para asustar, en realidad no pueden caminar bien. Cuando ambas piernas se deterioran, es el principio del fin para ellos. También sus brazos se inutilizan con frecuencia. Lo último que se les daña es la boca que, por otra parte, es su parte más rápida.
   Puede reconocerse a un zombi “joven” por su rapidez; los “viejos”, es decir los que llevan más tiempo siendo zombis, apenas pueden moverse. Hay ancianos-zombis que corren como atletas y adolescentes-zombis que apenas se mueven. Puede ser más letal una ancianita que un tipo enorme de fiero aspecto, todo depende de la movilidad. Por cierto, los ancianos son el único caso donde el que pasa de vivo a zombi mejora su condición física: al menos se mueven mejor.
   Un rasgo que quizás les viene de su pasado humano es el afán por subsistir. He visto zombis arrastrarse con una sola mano y dejar embarrados en el asfalto trozos de piel, músculos y vísceras. Hay que decirlo, no por moverse lento dejan de ser peligrosos. Un amigo mío eludió una turba de ágiles zombis y, cuando ya se  pensaba a salvo, fue atrapado y muerto por un espécimen decrépito que yacía en el piso. A aquel engendro le bastaron sus brazos y ávida boca para comerse enterito a mi camarada.

  Nos dimos cuenta que los cuervos hostigan a los muertos vivientes buscando comer su carne. Por eso empezamos a criar cuervos como si de gallinas se tratara. Cuando las aves crecieron las llevamos cerca de donde había zombis, la idea era acelerar la descarnadura de estos. No era mal plan, sin embargo no funcionó. Dos cosas fueron evidentes. Uno: las aves criadas en cautiverio no tenían la habilidad de las nacidas libres. Hasta el zombi más torpe las atrapaba y engullía. Dos: estos emplumados causaban más perjuicios a vivos que a muertos. Como decía el Filosofo de Güemez: “Cría cuervos y tendrás muchos”. 

viernes, 29 de julio de 2016

La profecía







La profecía
                                                                                         Por Ramón Cortez Cabello
  ― ¿Revista o periódico, jefe?
  ― Periódico.
  ―Mejor le doy la revista… Así sabrá qué día se acaba el mundo.
   La revista de chismes estaba abierta en una página donde destacaba un encabezado: “El mundo se acabará el 29 de julio del 2016”. El hombre leyó rápido la nota y, sonriendo, dijo:
  ― ¿Mañana?
  ― Si, jefe.
  ― ¿Entonces ya para qué me boleó?
  ― No, jefe. Los zapatos hay que traerlos presentables hasta el final.
   Aunque la opinión del bolero era interesada, el cliente estuvo de acuerdo en que eran ciertas sus palabras.
  ―Fíjese que a los viejitos que se sientan en esa banca les enseñé la misma nota y luego lueguito se fueron, bien asustados.
  ― ¿Y a dónde se fueron? ¿Al rancho?

  ― Fueron a confesarse, ¿usted cree?

lunes, 25 de julio de 2016

Rebaño.





Rebaño
   Ayer atrapé una historia, fue fácil estaba distraída. Es pequeña entrañable y no busca ser obra maestra. Falta pulirla, resaltar su belleza, darle una estructura de modo que, al ser leída, luzca agradable y natural. Lograr que para el lector sea como agua fresca en boca del sediento y que paladee cada palabra como si de un manjar se tratara. Sueño con que quienes disfruten de ella la atesoren cariñosos. Antes debo darle coherencia y verosimilitud. Quitar lo superfluo, sea adorno o mancha indeseable para que sea bella sin afectación.
   Ahora es linda pero inocente, víctima fácil de críticos que le buscarán defectos que evidencien la torpeza de su autor. La dejaré ir cuando pueda defenderse sola. Ese día, el de su publicación, llegará pronto, es cosa de que capture algo del huidizo talento que anda suelto por el mundo. En tanto seguirá pastando junto a mis otras historias, no se sentirá sola, son más numerosas que el ganado de Gerión.  

Escritor en primera persona.

                                                         



                                                             
                                                       

                                                                  Escritor en primera persona
   Quiero escribir un libro que se incluya en el index librorum prohibitorum. Un texto censurado por dictadores. Componer el texto que un rebelde regale al líder del mundo. Una obra de culto citada por sabios y profanos. Pero, más que todo, quiero hacer un libro que la gente lea con gusto.
   Lo sé, soy un ambicioso desorbitado, un loco buscando alcanzar la gloria; optimista incorregible que ve esperanza en el fracaso. Tengo, sin embargo, una mente poderosa que construye mundos fastuosos adonde mi cuerpo maltrecho no puede ir. Quienes me rodean dicen que tengo aires de grandeza y soy perdedor irredento. No se equivocan. Pero ignoran que soporto el infortunio que acarrea pretender la cima, que tengo voluntad inquebrantable e infinita tolerancia a la derrota. Dentro de mí sé que todo eso no basta, que mi esfuerzo será inútil. No importa, seguiré intentando, al final ese será mi único logro: no desistir nunca.

Sueño de escritor








Sueño de escritor

   De la pluma fuente brotó una cascada de letras, una a una, una tras otra, torrentes de ellas formaron un lago de palabras que llenó por completo la página en blanco. El nivel de las palabras, de la laguna que las contenía, fue aumentando hasta sumergir en su líquida superficie mis manos. Por un momento escuché el rumor de las olas de palabras que ya cubrían mis brazos. En un instante me vi cubierto por la sopa de letras, no podía respirar, se atoraba en mi nariz una gran cantidad de letras A, A de ahogo, A de asfixia y de angustia. Sentí que moría bajo el caudal inmenso de mi creatividad, algo bello había en esa fatalidad. La habría preferido a la verdad prosaica de verme despertado por la gotera tenaz que caía en mi rostro.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Tweets del Dr. Galeno.


                                     Tweets.
                                             Por Ramón Cortez Cabello.

   De noche se sintió solo. Cuando llegaron sus amigos, no eran tantos como las estrellas. Pero si cálidos y luminosos. Ya no sintió soledad.
                                           *
   Mata al más alto, fue la orden. De lejos no sabía quién era el de mayor estatura, dudaba. No quiso batallar: los mató a todos.
                                           *

Poe
Usó plumas de ángel caído y sangre de unicornio fue su tinta. ¿Cómo no iban a ser extraordinarias sus narraciones?
                                           *

                          Lo bueno de lo breve. 
   Hay minificciones a las que ni su extensión salva de ser maxi-aburridas.
                                       *

                           Telenovela siglo XXI
―Debo confesarlo: Jairo Alexander no es tu padre…
―Pero… ¿Qué dices mamá?
―…Tu padre soy yo.
                                          *

                           El archivo

El colmo de una funeraria es tener un archivo muerto.
                                      *
El radio empezó a sonar, trajo melodías color sepia y con ellas recuerdos de tiempos mejores. De inmediato me sentí mejor.

                                     *
   Lo vi de lejos, iba encorvado; qué amolado está, pensé. Cuando lo tuve cerca y gritó: ¡ánimo!, supe que yo estaba más fregado.

sábado, 30 de mayo de 2015

Cuentos en corto: 3.









El jardín
                                                               Por Ramón Cortez Cabello.

      Pasto recién cortado, oloroso, parejo cómo paño de mesa de billar. Cipreses en espiral intentando llegar al cielo. Setos de agudos ángulos forman laberintos donde se pierde la esperanza. Unas dalias están prisioneras en pequeños rombos de terreno; hay rosales colmados de flores tristes, en el follaje de los arbustos están esculpidas las figuras de animales temerosos.

   Un jardín, para las plantas, puede ser una sala de tortura. 

sábado, 2 de mayo de 2015





CUENTOS EN CORTO.
                                                                                  Por Ramón Cortez Cabello

   Bajo el título precedente inicié el pasado treinta de abril la publicación de unos pequeños y ambiciosos textos. Se trata de líneas breves que pretenden ser cuentos. Oraciones toscamente hiladas que aspiran a poseer algún mérito para merecer la lectura cómplice e indulgente. Aquí les comparto el segundo de la serie.








Damocles

   El palacio  descubierto en Siracusa estaba bien conservado. En la estancia real señoreaba el trono; encima del techo colgaba una espada sujeta por un cordel. Mientras Harper  descifraba las palabras grabadas en el sitial, los demás arqueólogos veían el acero oscilante.
 ― “D…, empezó a leer el investigador,  ¿Dionisio?”...  ―aventuraba el explorador cuando la hoja cayó atravesándolo lado a lado.

   Tiempo después los colegas del difunto se asombraron al descifrar la inscripción en el trono: Damian Harper.

jueves, 30 de abril de 2015

La ejecución.






La ejecución
                                                                Por Ramón Cortez Cabello.
   Serrano estaba todo quemado, de las flictenas de su piel salía vapor blanco. Aunque siempre fue bravo, no pudo ayudar a sus camaradas. Sólo esperaba el final.
   Lechuga fue zambutido en un tambo con agua. Lo sacaron después de un rato; mejor ahí se hubiera quedado: a cuchilladas lo hicieron pedacitos. También pepenaron a su amiga, la que presumía de estar bien parada. A tirones le arrancaron la melena, la desollaron y la cortaron en pedazos… pedazos muy pequeños. ¡Pobre zanahoria!

   Bien lo decía mi madre: ¡Dios te libre, Brocolito, de caer en manos de un vegetariano! 

sábado, 21 de febrero de 2015

Mi amigo boxeador


















Mi amigo boxeador.
Por Ramón Cortez Cabello.

   Hace más de veinte años, en Nuevo Laredo, estaba viendo el box, hacía un calor que ni la cerveza alcanzaba a matizar. Me sorprendió muchísimo ver en la pantalla a mi amigo Mario Coronado Gómez; estaba dándose de golpes con un tipo al que apodaban el Baygón.
   La pelea era encarnizada, puro dame que te doy, ninguno de los boxeadores cejaba en su intento de noquear al otro.  Mientras miraba el intercambio de golpes recordé mis años en la Facultad de Medicina de la UANL, su vieja biblioteca y las noches que pasé en ella, en parte estudiando, parte viendo a las muchachas y mayormente durmiendo. Muchas de esas veladas las compartí con Mario.
   Fue durante un torneo de box organizado en la facultad (si, en la escuela de medicina), donde Coronado descubrió su talento boxístico. De carácter reservado, tranquilo y hasta tímido mi amigo se inscribió en dicho certamen más empujado por el entusiasmo de otro compañero que por las ganas de intercambiar puñetazos. Me tocó a mí, junto con otro amigo, El Chilango, oficiar como su second en ese torneo. Recuerdo que íbamos rumbo al ring, los seconds caminábamos con la tranquilidad de saber que no recibiríamos ni un rasguño, Coronado iba muy nervioso a su primera pelea. No era de pleito y básicamente  ignoraba cuándo o en qué momento tirarle golpes a un rival al que tenía más ganas de dispararle un refresco que puñetazos. El Chilango se lo aclaró rápidamente:
  ―En cuanto suene la campana tú dale de putazos.
   Mario no siguió la sabia indicación de nuestro amigo, se veía engarrotado, los brazos pegados al cuerpo, estudiaba a su rival dando vueltas sobre el ring, no se animaba a atacar primero. Fue hasta que el adversario tuvo la mala idea de tirar un golpe que algo mágico sucedió. Con un elegante movimiento de cintura Coronado esquivó el golpe y, en una acción fulgurante, con un volado de derecha a la mandíbula envió a su rival a la lona, completamente noqueado. Había nacido un boxeador. Así inició su carrera pugilística, por supuesto ganó ese torneo, después un estatal y luego se hizo profesional. La pelea que vi por televisión la perdió por decisión.
   Por mucho tiempo le perdí la huella, terminé la carrera, hice la especialidad, estuve en Nuevo Laredo, luego me vine a Saltillo, pasaron cerca de diez años luego de que lo vi en televisión. Un día un compañero del hospital me dijo:
  ― ¿Ya viste a Coronado?
  ― ¿Qué Coronado? –pregunté a mi vez.
   El nuevo urólogo…  preguntó por ti –respondió-. No sé qué me sorprendió más, si saber que había un nuevo especialista en el hospital o que éste me conocía. Traté de recordar a un urólogo de apellido Coronado y no pude. Si me hubieran dicho que éste se llamaba Mario, lo habría recordado de inmediato.

   Fue una gran sorpresa verlo después de veinticinco años. Siempre es una alegría saludar a un buen boxeador,  a un excelente urólogo, pero sobre todo un gran amigo.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La buena acción. (Texto incluido en el libro, Primeras armas (IMCS, 2007)







La buena acción
                                                                                                Por Ramón Cortez Cabello.
    Descubrió que el calor disminuye el número de peatones pero aumenta la compasión, que hay más limosna cuando se es el único mendigo de la calle.
   La cercanía de unos pasos enérgicos aumentó el tono dolorido de sus ruegos.
  ― ¡Una ayudita, socorra a este inválido!
   El tintineo de una moneda lo alegró; el bote ya no estaba solo.
  ― ¡Gracias, gracias, Diosito le dé más!
   Al no escuchar las botas alejándose, imaginó al hombre viéndolo con lástima.
  ― ¡Ay señor! Que triste vida me tocó, no sólo no tengo piernas, también soy ciego…
  ― ¡Además es ciego!
   La voz áspera tenía un dejo de ternura; la mano incrédula formó una brisa al pasar repetidamente  ante su rostro.
 ― Si señor, de los dos ojos ―remachó.
   El sonido de unas monedas al caer recompensó la confidencia.
  ― ¡Uta! Se las ha visto negras, Don.
  ―Por culpa del azúcar, primero me mocharon una pierna, luego otra. Creí que no podía ser peor, pero quedé ciego y me dejaron mi esposa y mis hijos, desde entonces estoy solo, pidiendo caridad.
  ― ¡Que cabrones!...
  Su mano fue confortada por la caricia de un billete, lo mareó el olor a loción cara. La voz ruda se volvió susurro indignado.
  ― ¡Mire!… digo, oiga, voy de prisa pero si puedo ayudarlo en algo, nomás dígame.
  ― ¡Sólo Dios podría acabar con mis sufrimientos para siempre!
 ―Cierto, pero ¿sabe qué?… Diosito ya lo oyó.
   Lo último que escuchó después de los disparos, fue el eco de unos pasos alejándose.



Texto aparecido en el libro: Primeras armas (IMCS, 2007)

sábado, 2 de agosto de 2014

El nuevo arte del boxeo.








El nuevo arte.
                                                    Por el poeta del deporte
    Es un virtuoso que hace de su oficio filigrana y polvo de sus rivales. Un genio que, cómo escultor que moldea la roca con su cincel, acaba golpe a golpe con la sana apariencia de sus oponentes. Su obra final  son hombres en ruina, piltrafas. Han producido sus puños más personajes trágicos que Sófocles; estos papeles, huelga aclararlo, son representados por sus contrincantes.
   ¿Quién lo diría? sus contiendas recrean el origen de la música. Éste arte no nació con el paso del viento a través de arbórea fronda o por estrechos canuto, no, la música se originó en las percusiones. Los puños de éste pugilista extraen a sus adversarios, cómo las mazas a los bombos, rotundos sonidos que, unidos al bullicio del público, amalgaman una salvaje melodía que excita y enloquece.
   Su forma de colorear el lienzo al que en forma de púgil se enfrenta, lo iguala a un pintor  que usa rojos y morados a pasto, que derrocha tonos carmesí en la faz del rival.
    Sus peleas terminan siempre con el adversario en  el piso. Aunque el final sea reiterativo, vale la pena verlo desplegar su habilidad. Su grandeza no está en las victorias, sino en su capacidad para crear un arte nuevo: el arte del boxeo.


   San Antonio, Texas 1855.
                Fragmento de la novela Cuando vuelvan los gorriones (Ramón Cortez Cabello, UAdeC 2008).

miércoles, 18 de junio de 2014

Día de la enfermera












                                                                                                           Ramón Cortez Cabello.

El Creador repartía dones a varias mujeres; cada una oía sus palabras y dejaba el lugar a la siguiente. Probidad, fortaleza y saber… Aplomo, sacrificio y cordialidad… Entereza, ingenio y disposición
   Quedaban sólo dos mujeres, cuando un ángel preguntó: ¿Qué haces, Señor?  
  ― Estoy creando a las enfermeras y les doy cualidades según su procedencia –contestó Dios sin interrumpir su labor-. Compasión, destreza, gracia, pericia, aplomo, tenacidad, honradez, belleza, ingenio, cordialidad y abnegación.
   Al notar que daba más dones a la penúltima, dijo el ángel: Cuando creaste los países, fuiste muy generoso con México. ¿Me equivoco si pienso que la enfermera que acabas de formar es la de ese país?
  ―No te equivocas, ella es la enfermera mexicana.
   El señor siguió trabajando: Dulzura, ingenio, bondad, belleza, compasión, tenacidad, sacrificio, pericia, serenidad, calidez, temple, experiencia, generosidad, diplomacia, talento, afecto, limpieza, probidad, inteligencia, paciencia, belleza, aplomo, integridad, constancia, tenacidad, fortaleza, paciencia y calidad.
   Al retirarse la última, el ángel preguntó: Y esta, ¿a qué país va?
  ―A México, hijo mío.
  ―Pero… ya mandaste una, ¿por qué también envías a la que has dado más virtudes?
  ―Es que a ésta enfermera la envío directo al IMSS; ahí solo aceptan a las mejores.

sábado, 14 de junio de 2014

Fin de fiesta.

   
                                                                                                                       Ramón Cortez Cabello
   Una noche Pete Wilson asistió a un baile de disfraces. Los invitados iban caracterizados cómo enemigos de América.  La calidez del clima texano ayudó al éxito de la recepción. Fue grato beber al lado de inocuos villanos. Castro, Chávez y Saddam nunca fueron tan divertidos. Él se disfrazó de indocumentado.

   En el hospital, con la nariz rota, vendada la cabeza y una férula en cada brazo, la fiesta trajo a Pete agridulces recuerdos: ganó el premio al mejor disfraz, sin embargo, la migra lo confundió con un verdadero ilegal.

viernes, 30 de mayo de 2014

Texto publicado en el libro Primeras armas.







La pesadilla
                                                                                           Por Ramón Cortez Cabello
   Era pasada la medianoche cuando me despertó mi hija de ocho años.
  ―Tengo pesadillas –dijo.
   Me senté al borde de la cama y la coloqué sobre mis rodillas.
― ¿Qué soñaste?
 ―Que un loco se metía por la  ventana de la sala, que te mataba a ti y a mis hermanitos. Yo gritaba fuerte pero nadie venía a salvarme. En eso desperté.
 ―No tengas miedo.
   Para que se calmara la llevé al cuarto de sus hermanos que dormían tranquilos. En la sala le mostré el pasador de la ventana bien cerrado. Cuando nos acostumbramos a la oscuridad, vimos los árboles, las plantas y los setos refugiándose en las sombras. A lo lejos, fantasmal, se erguía la casa del vecino. El bosque se arrullaba con el chirriar de los grillos.
   La niña se calmó. La llevé a su recamara. Al poco tiempo roncaba.
   Yo no pude dormir el resto de la noche.